jueves, 14 de abril de 2016

Playas



    Serían playas desde la distancia. Estaba sentado en mi mesa, de mi casa, de mi barrio, a más de diez mil kilómetros de mi playa sobre el Miño. Hacía más de treinta años que no las veía y en ese momento estaban desapareciendo. Un embalse se cobraba la vida de kilómetros de costa y de a poco, mientras el agua subía y besaba nuevas orillas, las piedras sobre las que miles de veces me había sentado, de a poco quedaban sumergidas. 

    El sabor del vino era bueno, y el sol entraba por la ventana de esa casa que nunca hubiera podido imaginar mientras estaba en esas piedras de mi playa. Huía de la idea de abrazar para siempre esas colinas y los árboles, pero ahora en la distancia, solo puedo pensar que los sollozos de mis noches son porque sé que nunca he de volver. Miña casa na vila era douscentos metros do regato, onde vía bailar o regato por entre as árbores até o Miño, que era meu como sempre.

     No creí estar frente a nada nunca en esta vida. Nunca nada me sorprendió. Ni las olas de ese mar que acababa de descubrir, ni los infinitos días sin ver tierra. Sentado frente a la casa mayor ví un rayo caer a tierra y en su vibrante estruendo un pájaro moría en pleno vuelo. Vi cuatro hombres dejar una casa plagada de mujeres solitarias que no podrían más que sobrevivir y una ciudad con tantos edificios que nadie hubiera podido contar. Ví a mis hijos nacer, crecer y volar. Vi los pastos altos pasar como una luz difusa y perdida mientras el auto en el que viajaba zurcaba la ruta a una velocidad que ningún caballo podría alcanzar. Vi dos hombres llorar por la muerte de su hermano bajo las ruedas de un tren al caer del estribo afuera de la estación. Pero nunca volví a ver a los peces cuando se esconden detrás de las piedras en el agua fresca de mí río Miño. 

     Ya no tendría más mis playas, ya no serían mías ni de más nadie, un embalse se las había comido. Pero fueron mías como no fueron de nadie y aquí, a más de diez mil quilómetros de distancias, muchas distancias,  y metros bajo el agua, siguen existiendo y me siguen alimentando. Otro día veré más olas y visitaré los rayos de sol de la mañana que conozco tan bien que ni miles de años me podrían hacer olvidar. Veré el sendero que sale a un costado del camino e vou andar por el ata que o fluxo chege até Miño e descubrir unha nova praia, que será outra, pero unha boa praia tamen.

1 comentario:

JAVIERITO dijo...

Moi interesante, querido Paculinho, escribe moito mellor que fala. Parabéns!