jueves, 1 de octubre de 2020

Redoblante

 



...a quien pudiera importarle...

Un regla básica de la expresión artística es no pensar en quién habrá de consumirla, en este caso, podríamos llamarlo lector. Me apena un poco referirme a mi producción como expresión artística pero finalmente es lo que es. No es un tratado, no es un manual de aspiradora, no es la receta del pastel de banana con jengibre ni la declaración de independencia de un estado o nación. Son las simples palabras que voy concatenando.

Antiguamente la práctica solía realizarla un poco aceitado. Una copa, a veces dos. Un vaso con el efecto colocón para salir disparado. Si bien mucha de esa producción me dejó satisfecho, tenía una pátina de falsedad. No no, no me malinterprete, los borrachos, como los niños y las calzas, no mienten. Pero así como un vidrio traslúcido deja entrever la imagen de un alguien reflejando la luz, los humores borrachos no son más que una deformación de ese original. Posiblemente esa deformación permite dar ese saltito, ubicarse en otro espacio, sentirse otro y así como un actor encarnando un personaje, ese que está ahí no somos nosotros, y al no serlo, la vergüenza es ajena, la facilidad de la exposición se realiza y no hace falta mucho esfuerzo.

Pero entonces ¿dónde queda todo eso del artista transportado por los humos, los vapores? Bueno, resulta que hay que saber navegar ¿vió? No alcanza con subirse al barco y esperar a que el viento sople. O por ponerlo más simple, por mucha tabla de barrenar que le den a uno y le digan que se tiene que meter hasta la rompiente, hay que aprender a tomar toda esa energía acumulada en las olas, canalizarla por la tabla, balancear el peso y finalmente despeinarse con un viento que no existe, sentir la sal en los labios y simplemente disfrutar de eso, sin prestar atención a quien pudiera o no estar viéndonos desde la orilla jugar con las olas. O sea, una cosa es tener una idea, los medios, el tiempo, el conocimiento y utilizar un agente para expresarse. Y otra completamente distinta es mirar al bastidor vacío, pincel en una mano, porro en la otra y esperar a que suceda una magia. No pierda su tiempo. La magia no sucederá.

Voy a retomar el camino, creo que el punto quedó claro y acá lo importante es escribir: esto, aquello o cualquier otra cosa.

En el año 2011 conocí a una mujer que publicaba libros por pura satisfacción. No era su empleo, no era su proyecto, simplemente era algo que tenía ganas de hacer. Un día hablando sobre el proceso de escribir le conté de esta situación y lo poco claro que tenía el momento en el que debía ponerme a escribir. Me dijo que escribir es un ejercicio, que se hace todos los días, se tenga ganas o no. Que hay días fantásticos de páginas y páginas escritas con cosas alucinantes y otros de una lacerante infertilidad. Los primeros revisten placer, claro está. Pero los segundos pueden minar nuestras mejores intenciones, socavar el terreno preparado con anterioridad y hasta impedir la continuidad. Esos días hay que escribir cualquier cosa, incluso hay escritores que simplemente copian la página de algún libro que están leyendo, analizan el por qué de esa lista de supermercado o inventan el devenir de uno de los signos del zodíaco. De esa manera generan una inercia que le permite a aquello que está en el fondo surgir de a poco, sacudirse esas ideas equivocadas de cómo barrenar la ola, y simplemente dejarlo brotar, a esto le llamó inicializar la bomba.

Inicializar la bomba - Priming the pump

En el campo, las bombas de agua, esas de brazos curvos, bocas exuberantes y herrumbre desafiante, funcionan cómo cualquier otra: algo debe empujar eso que queremos bombear. La bomba lo que hace es inyectar aire en un pozo, eso aumenta la presión interna y genera el ascenso del líquido. El que quiera experimentar con esto no tiene más que comprar uno de esos jugos que vienen con un orificio con seguro metálico y un sorbete miniatura, ejercitar la dexteridad perforando con maestría el seguro en el orificio y luego, en vez de chupar, soplar. No sople mucho, solo un poco de aire encerrado en la cavidad del envase hará el resto, intentará balancear las fuerzas y la única salida es ese sorbete. Quitará de su camino lo que haga falta para cancelar esa aberración entrópica formada por exceso de presión barométrica y hará brotar el líquido. Si tuvo la precaución de conservar su boca en el otro extremo, el líquido se derramará en la misma y podrá usted disfrutarlo, en caso contrario conocerá de primera mano la definición de la palabra enchastre.

Ahora, surge una vez más en la vida, hay un problema técnico. La bomba necesita algo que permita el paso del aire en un sólo sentido, sino al bombear podría simplemente salir por la otra punta. Las válvulas son complejas, partes móviles que pueden deteriorarse y fallar en su propósito. Entonces la humanidad en una de esas extrañas y bellas ocasiones en las que se muestra simple e inteligente, diseñó una solución: bloquear el mismo ducto con agua, luego, la misma agua bombeada reemplazaría a la precedente en su función de válvula y mientras el ejercicio se ejecute, nada tenemos que temer. ¿Pero qué sucede si queremos ir a tomar un mate con ese agua? ¿O ir a mojar a alguien de un baldazo? ¿O simplemente trasvasar el agua a una pecera para nuestra mascota subacuática? Pues el agua en la columna vertical responderá a los dictámenes gravitacionales y caerá al fondo del pozo, impidiendo retomar la actividad de forma efectiva. Entonces lo que debe hacerse es dejar un otro balde por allí cerca y antes de ir a mojar a ese humano que no tiene interés alguno en usted o hervir el agua del mate, ocúpese de llenarlo. La próxima vez que quiera usar la bomba no tiene más que bloquear el ducto de aire con este líquido y podrá iniciar un bombeo efectivo, usted a inicializado la bomba, o como me dijo María aquella vez: ”You have to prime the pump”

Entonces para escribir hay que simplemente hacer eso: escribir. Si no viene nada, pues recurrimos a algún balde que hayamos dejado dando vueltas por ahí la última vez e inicializamos la bomba. Calculo que a estas alturas, el que esté leyendo, si es que alguno está leyendo, estará comprendiendo cuál es mi propósito: escribir.

En el pasado lo hice de forma esporádica, errática y nada dice que no seguirá siendo así en el futuro. Pero ahora quiero probar otra cosa, quiero simplemente escribir por el placer de hacerlo, barrenar esa ola sin tabla, aunque tampoco obligado. Y para ello hay que arrancar, bueno, quisiera que este sea el balde. No sé si todos los días voy a publicar lo que escriba. Me gustaría alguna vez escribir algo en muchas sentadas e ir dándole forma de a poco, pero no creo que deje de hacer lo que he hecho hasta ahora.

1 comentario:

La Diáspora Ha Comenzado dijo...

Ud lo que me está diciendo es que la escritura, como el cerebro, es un músculo y hay que ejercitarlo?